jueves, febrero 09, 2006

La roca

Me subo a la roca, la gran roca blanca, imagino que es una montaña muy alta (quiero sentir el vértigo), cierro los ojos y pensando en el vacío me lanzo dando un gran salto. Disfruto de la sensación de gravidez al caer sobre la arena húmeda y notar como mis pies se hunden dejando sus huellas profundas. Abro los ojos y comienzo a caminar despacio, guiándome únicamente por el brillo de las piedras semienterradas en la arena. Me agacho de vez en cuando para coger algunas y las aprieto entre mis manos hasta que consigo comunicarles calor.
No tengo prisa por llegar a la orilla, me basta con escuchar el susurro pausado de las olas. Sin embargo, a medida que noto su presencia salina, me va invadiendo la ansiedad. Se que cuando llegue mis ojos se llenarán de su luz y ya no verán otra cosa, el resto de la travesía se difuminará en mi memoria. Entonces seremos únicamente él y yo. El llenándolo todo. Ya no habrá dentro y fuera, forma y fondo, sino un indisoluble espacio que contemplado desde lo alto de la roca, volverá a ser una brillante mancha de color turquesa.
Sirva como homenaje a Alfonsina Storni que decidio un dia ser parte del mar...

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