viernes, febrero 24, 2006

Viajeros

Cuentan los viajeros que a veces ni la nieve, ni el hielo, ni el blanco entero pueden enfriar sus ardientes deseos. Es entonces cuando las carreteras huelen a llegada y la nieve al derretirse forma delicados collares de estrellas blancas que adornan sus arcenes. Dicen que es tal la emoción que sienten entonces, que les resulta imposible moderar su velocidad, no la de la máquina que se transforma en nube, sino la de su propio corazón.

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